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La Coctelera

Entrevista Periodística

LA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

Algunas nociones para aproximarnos al género

Para enseñar a escribir conviene hacer, fundamentalmente, dos cosas: una primera, enseñar lo que bajo ningún concepto puede estar bien. Y una segunda, la más difícil, la que marca la diferencia entre un buen profesor y un simple instructor: conseguir que el estudiante conozca sus posibilades, las herramientas disponibles, la potencialidad estremecedora de las palabras, que las ame, que las sienta, que aprenda a degustarlas cuando las pronuncia o escriba, y como consecuencia de todo esto, que sepa en adelante corregir por sí solo sus propios textos.

Por tanto, escribir es saber mirar, escribir es saber escuchar, escribir es saber pensar y, sólo después, es saber escribir. Esto es cierto es siempre, pero en periodismo lo es mucho más. Escribir es, como decía María Zambrano, la expresión de algo que se ha rumiado mucho, para comunicarlo después mediante la escritura, cuando ya está maduro. Se me objetaré que tal visión de la escritura conviene mucho a los filosófos, a los ensayistas, a los literarios, pero no al periodista, porque este va a trabajar en el ámbito de la urgencia. Así: el periodista debe estar preparado para saber de lo que no sabe y, además, explicarlo con claridad y urgentemente. ¿Existe acaso un repertorio de técnicas, como ocurre con los bomberos, susceptible de ser aplicado a la emergencia en cuestión? No. Hay algunos trucos, útiles para salir del paso, que no hace mucha falta enseñar porque la experiencia, incluso corta, los enseña mejor y más rápido. Lo único que se puede hacer es cultivar los cuatro pilares que comentaba antes: saber mirar, saber escuchar, saber pensar y saber expresar lo que uno ha visto, escuchado y meditado.

Se puede afirmar que una condición previa a la de periodista es la de hombre culto, no erudito, pero sí culto en el sentido de conocer profundamente al hombre, su historia y su entorno. Si tal es la condicion del periodista ¿ quien podra llegar a serlo? verdaderos periodistas sólo unos pocos, y los demás, meros escribidores de los que otros dicen o mercaderes, traficantes de palabras al mejor postor. Periodistas desde luego no.

Le preguntaron a un buen periodista cómo se preparaba para realizar una entrevista y contestó:

Necesito saber lo suficiente sobre aquello que voy a escribir, asi evitare formular preguntas que me hagan quedar como un imbecil (...) pero tampoco me abruma ignorar incluso muchas cosas. porque tengo la teoria de que nuestro ( el de los periodistas) consiste en desconocer algo y, despues, saber descubrirlo.

En sintesis las respuestas de Mehegan se pueden desglosar asi: para hacer una buena entrevista hace falta:

1. Prepararla

2. Saberla llevar

3. Redactarla adecuadamente

Como dice Mehegan, en un primer momento, puede parecer: hay siempre un entrevistador, un entrevistado, un tema-entrevistador, entrevistado y asunto- y unos procedimientos:preparar, entrevistar y transcribir. Conviene señalar que existen, además, otros elementos: u n público más o menos general, más o menos especializado, más o menos segmentado.

La entrevista es la herramienta básica del periodista, que gasta buena parte de su vida profesional hablando con personas e intentando conseguir información de ellas.

PREPARACIÓN DE LA ENTREVISTA PREPARACIÓN HABITUAL

La preparación de una entrevista, dependerá de muchos factores, pero debe existir siempre. Si por razones imprevistas e inevitables no resulta posible una preparación adecuada, entonces el periodista debe acudir a ese fondo del que hablé antes: a su cultura y a su conocimiento de los hombres y encomendarse al ángel de la guarda.

Podamos o no prparar una entrevista, hay una preparación habitual que jamás debe descuidarse, que sirve para todas las entrevistas y que no consiste en técnicas. Nuestro amigo Mehegan la resume bien en el libro "Writing for your readers".

A) Acercarse a las personas con afán de saber

Acercarse al entrevistado con afán de saber es, justamente, lo contrario de etiquetarlo previamente. Lo que no se puede hacer bajo ningún concepto es alimentar un prejuicio acerca de nuestro entrevistado y, luego, forzar la realidad para que se ajuste a ese prejuicio como sea. Decía lo mismo Salvador Pániker, autor del libro de entrevistas titulado "Conversaciones en Madrid": "Toda persona entrevistada acaba reducida a los límites mentales de su entrevistador". El seguro de esos peligros tiene un nombre fácil: se llama humildad.

Las seis preguntas clásicas: ¿qué?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, son úliles para salir de un apuro.

B) Tratar respetuosamente a las personas

Significa desde no hacerle perder el tiempo por nuestra falta de puntualidad, respetar sus ideas y opiniones, escucharle con verdadera atención, sin que la entrevista parezaca una rutina laboral.

Ni la inteligencia ni el cariño ni el verdadero respeto se pueden disimular. Ni son técnicas periodísticas.

El respeto a las personas incluye la fidelidad a sus palabras a la hora de transcribirlas o, si por alguna razón excepcional esto no fuese posible, al sentido de lo que hayan dicho. Se consigue que los entrevistados confien en nosotros, y la entrevista dará una imagen acertada del entrevistado.

Me sorprendió hace un par de años el modo de trabajar de un fotógrafo italiano que cubría un acto:

-¿Ve usted esto? Pues para fotografiar bien esta copa yo antes tengo que mirarla mucho, desde todas las perspectivas, con cuidado, entendiendo muy bien para qué sirve y cómo se usa, las cualidades de este cristal concreto, tantas cosas...

Y parecía exhausto ante la perspectiva de tener que fotografiar aquella simple copa. Un fotógrafo mediocre se acerca a su destino, dispara quizá un carrete sin darle más vueltas al asunto y se va. A lo sumo, si la escena que pretende recoger no cabe bien en su objetivo, aplica sin pensarlo un gran angular, aunque deforme personas y cosas. Así es también un mal entrevistador.

Este consejo de Bill Kovac, director del Atlanta Journal and Constitution, a sus reporteros sirve como magnífico resumen: "Cuando escribais un artículo sobre una persona... volved a leerlo, pero cambiar su nombre por el vuestro". Y ese ponerse en su lugar, se traducirá en prestarle toda nuestra atención.

C) Poner mucha atención

Edward Kosner, director de la revista New York, dice: "Lo primero que se aprende cuando escriben sobre uno es que, por favorable que el artículo pueda ser, si hay algo que considera terriblemente injusto o negativo, eso no deja de golpear en tu cabeza.

Las entrevistas inteligentes se diferencian de las estúpidas en muchas cosas, pero la más notoria sea que, en las últimas, el periodista sólo se escucha a sí mismo o está más pendiente de sus notas que de las palabras de se interlocutor. O peor, el periodista está atento a lo que quiere oir en lugar de atender a lo que efectivamente le dicen.

PREPARACIÓN ACTUAL

1. Uno de los principales problemas del arte de entrevistar radica en conseguir la confianza del entrevistado.

2. Si uno no se ha preparado suficientemente, es muy probable que las preguntas tengan los siguientes defectos:

-No sirven para perfilar al personaje o al tema.

-Son las mismas preguntas que le han hecho en el mismo medio, o las mismas que le hacen siempre en todas partes. Como resultado, contestará la mayor parte de ellas con desgana, y además, nuestra audiencia ya conocerá las respuestas.

-Probablemente, las preguntas no estarán articuladas en torno a un tema central, y presentarán el aspecto de un pimpampum dislocado y caótico.

3. Sin una preparación suficiente, resulta muy dificil advertir cuándo un entrevistado está mintiendo. Sin la mínima documentación previa estamos indefensos y dejamos indefensos a nuestros lectores. (pag 31)

www.gobiernodecanarias.org

Entrevista Periodística

LA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

Algunas nociones para aproximarnos al género

Para enseñar a escribir conviene hacer, fundamentalmente, dos cosas: una primera, enseñar lo que bajo ningún concepto puede estar bien. Y una segunda, la más difícil, la que marca la diferencia entre un buen profesor y un simple instructor: conseguir que el estudiante conozca sus posibilades, las herramientas disponibles, la potencialidad estremecedora de las palabras, que las ame, que las sienta, que aprenda a degustarlas cuando las pronuncia o escriba, y como consecuencia de todo esto, que sepa en adelante corregir por sí solo sus propios textos.

Por tanto, escribir es saber mirar, escribir es saber escuchar, escribir es saber pensar y, sólo después, es saber escribir. Esto es cierto es siempre, pero en periodismo lo es mucho más. Escribir es, como decía María Zambrano, la expresión de algo que se ha rumiado mucho, para comunicarlo después mediante la escritura, cuando ya está maduro. Se me objetaré que tal visión de la escritura conviene mucho a los filosófos, a los ensayistas, a los literarios, pero no al periodista, porque este va a trabajar en el ámbito de la urgencia. Así: el periodista debe estar preparado para saber de lo que no sabe y, además, explicarlo con claridad y urgentemente. ¿Existe acaso un repertorio de técnicas, como ocurre con los bomberos, susceptible de ser aplicado a la emergencia en cuestión? No. Hay algunos trucos, útiles para salir del paso, que no hace mucha falta enseñar porque la experiencia, incluso corta, los enseña mejor y más rápido. Lo único que se puede hacer es cultivar los cuatro pilares que comentaba antes: saber mirar, saber escuchar, saber pensar y saber expresar lo que uno ha visto, escuchado y meditado.

Se puede afirmar que una condición previa a la de periodista es la de hombre culto, no erudito, pero sí culto en el sentido de conocer profundamente al hombre, su historia y su entorno. Si tal es la condicion del periodista ¿ quien podra llegar a serlo? verdaderos periodistas sólo unos pocos, y los demás, meros escribidores de los que otros dicen o mercaderes, traficantes de palabras al mejor postor. Periodistas desde luego no.

Le preguntaron a un buen periodista cómo se preparaba para realizar una entrevista y contestó:

Necesito saber lo suficiente sobre aquello que voy a escribir, asi evitare formular preguntas que me hagan quedar como un imbecil (...) pero tampoco me abruma ignorar incluso muchas cosas. porque tengo la teoria de que nuestro ( el de los periodistas) consiste en desconocer algo y, despues, saber descubrirlo.

En sintesis las respuestas de Mehegan se pueden desglosar asi: para hacer una buena entrevista hace falta:

1. Prepararla

2. Saberla llevar

3. Redactarla adecuadamente

Como dice Mehegan, en un primer momento, puede parecer: hay siempre un entrevistador, un entrevistado, un tema-entrevistador, entrevistado y asunto- y unos procedimientos:preparar, entrevistar y transcribir. Conviene señalar que existen, además, otros elementos: u n público más o menos general, más o menos especializado, más o menos segmentado.

La entrevista es la herramienta básica del periodista, que gasta buena parte de su vida profesional hablando con personas e intentando conseguir información de ellas.

PREPARACIÓN DE LA ENTREVISTA PREPARACIÓN HABITUAL

La preparación de una entrevista, dependerá de muchos factores, pero debe existir siempre. Si por razones imprevistas e inevitables no resulta posible una preparación adecuada, entonces el periodista debe acudir a ese fondo del que hablé antes: a su cultura y a su conocimiento de los hombres y encomendarse al ángel de la guarda.

Podamos o no prparar una entrevista, hay una preparación habitual que jamás debe descuidarse, que sirve para todas las entrevistas y que no consiste en técnicas. Nuestro amigo Mehegan la resume bien en el libro "Writing for your readers".

A) Acercarse a las personas con afán de saber

Acercarse al entrevistado con afán de saber es, justamente, lo contrario de etiquetarlo previamente. Lo que no se puede hacer bajo ningún concepto es alimentar un prejuicio acerca de nuestro entrevistado y, luego, forzar la realidad para que se ajuste a ese prejuicio como sea. Decía lo mismo Salvador Pániker, autor del libro de entrevistas titulado "Conversaciones en Madrid": "Toda persona entrevistada acaba reducida a los límites mentales de su entrevistador". El seguro de esos peligros tiene un nombre fácil: se llama humildad.

Las seis preguntas clásicas: ¿qué?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, son úliles para salir de un apuro.

B) Tratar respetuosamente a las personas

Significa desde no hacerle perder el tiempo por nuestra falta de puntualidad, respetar sus ideas y opiniones, escucharle con verdadera atención, sin que la entrevista parezaca una rutina laboral.

Ni la inteligencia ni el cariño ni el verdadero respeto se pueden disimular. Ni son técnicas periodísticas.

El respeto a las personas incluye la fidelidad a sus palabras a la hora de transcribirlas o, si por alguna razón excepcional esto no fuese posible, al sentido de lo que hayan dicho. Se consigue que los entrevistados confien en nosotros, y la entrevista dará una imagen acertada del entrevistado.

Me sorprendió hace un par de años el modo de trabajar de un fotógrafo italiano que cubría un acto:

-¿Ve usted esto? Pues para fotografiar bien esta copa yo antes tengo que mirarla mucho, desde todas las perspectivas, con cuidado, entendiendo muy bien para qué sirve y cómo se usa, las cualidades de este cristal concreto, tantas cosas...

Y parecía exhausto ante la perspectiva de tener que fotografiar aquella simple copa. Un fotógrafo mediocre se acerca a su destino, dispara quizá un carrete sin darle más vueltas al asunto y se va. A lo sumo, si la escena que pretende recoger no cabe bien en su objetivo, aplica sin pensarlo un gran angular, aunque deforme personas y cosas. Así es también un mal entrevistador.

Este consejo de Bill Kovac, director del Atlanta Journal and Constitution, a sus reporteros sirve como magnífico resumen: "Cuando escribais un artículo sobre una persona... volved a leerlo, pero cambiar su nombre por el vuestro". Y ese ponerse en su lugar, se traducirá en prestarle toda nuestra atención.

C) Poner mucha atención

Edward Kosner, director de la revista New York, dice: "Lo primero que se aprende cuando escriben sobre uno es que, por favorable que el artículo pueda ser, si hay algo que considera terriblemente injusto o negativo, eso no deja de golpear en tu cabeza.

Las entrevistas inteligentes se diferencian de las estúpidas en muchas cosas, pero la más notoria sea que, en las últimas, el periodista sólo se escucha a sí mismo o está más pendiente de sus notas que de las palabras de se interlocutor. O peor, el periodista está atento a lo que quiere oir en lugar de atender a lo que efectivamente le dicen.

PREPARACIÓN ACTUAL

1. Uno de los principales problemas del arte de entrevistar radica en conseguir la confianza del entrevistado.

2. Si uno no se ha preparado suficientemente, es muy probable que las preguntas tengan los siguientes defectos:

-No sirven para perfilar al personaje o al tema.

-Son las mismas preguntas que le han hecho en el mismo medio, o las mismas que le hacen siempre en todas partes. Como resultado, contestará la mayor parte de ellas con desgana, y además, nuestra audiencia ya conocerá las respuestas.

-Probablemente, las preguntas no estarán articuladas en torno a un tema central, y presentarán el aspecto de un pimpampum dislocado y caótico.

3. Sin una preparación suficiente, resulta muy dificil advertir cuándo un entrevistado está mintiendo. Sin la mínima documentación previa estamos indefensos y dejamos indefensos a nuestros lectores. (pag 31)

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Acerca de la entrevista periodística

LA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

Algunas nociones para aproximarnos al género

Para enseñar a escribir conviene hacer, fundamentalmente, dos cosas: una primera, enseñar lo que bajo ningún concepto puede estar bien. Y una segunda, la más difícil, la que marca la diferencia entre un buen profesor y un simple instructor: conseguir que el estudiante conozca sus posibilades, las herramientas disponibles, la potencialidad estremecedora de las palabras, que las ame, que las sienta, que aprenda a degustarlas cuando las pronuncia o escriba, y como consecuencia de todo esto, que sepa en adelante corregir por sí solo sus propios textos.

Por tanto, escribir es saber mirar, escribir es saber escuchar, escribir es saber pensar y, sólo después, es saber escribir. Esto es cierto es siempre, pero en periodismo lo es mucho más. Escribir es, como decía María Zambrano, la expresión de algo que se ha rumiado mucho, para comunicarlo después mediante la escritura, cuando ya está maduro. Se me objetaré que tal visión de la escritura conviene mucho a los filosófos, a los ensayistas, a los literarios, pero no al periodista, porque este va a trabajar en el ámbito de la urgencia. Así: el periodista debe estar preparado para saber de lo que no sabe y, además, explicarlo con claridad y urgentemente. ¿Existe acaso un repertorio de técnicas, como ocurre con los bomberos, susceptible de ser aplicado a la emergencia en cuestión? No. Hay algunos trucos, útiles para salir del paso, que no hace mucha falta enseñar porque la experiencia, incluso corta, los enseña mejor y más rápido. Lo único que se puede hacer es cultivar los cuatro pilares que comentaba antes: saber mirar, saber escuchar, saber pensar y saber expresar lo que uno ha visto, escuchado y meditado.

Se puede afirmar que una condición previa a la de periodista es la de hombre culto, no erudito, pero sí culto en el sentido de conocer profundamente al hombre, su historia y su entorno. Si tal es la condicion del periodista ¿ quien podra llegar a serlo? verdaderos periodistas sólo unos pocos, y los demás, meros escribidores de los que otros dicen o mercaderes, traficantes de palabras al mejor postor. Periodistas desde luego no.

Le preguntaron a un buen periodista cómo se preparaba para realizar una entrevista y contestó:

Necesito saber lo suficiente sobre aquello que voy a escribir, asi evitare formular preguntas que me hagan quedar como un imbecil (...) pero tampoco me abruma ignorar incluso muchas cosas. porque tengo la teoria de que nuestro ( el de los periodistas) consiste en desconocer algo y, despues, saber descubrirlo.

En sintesis las respuestas de Mehegan se pueden desglosar asi: para hacer una buena entrevista hace falta:

1. Prepararla

2. Saberla llevar

3. Redactarla adecuadamente

Como dice Mehegan, en un primer momento, puede parecer: hay siempre un entrevistador, un entrevistado, un tema-entrevistador, entrevistado y asunto- y unos procedimientos:preparar, entrevistar y transcribir. Conviene señalar que existen, además, otros elementos: u n público más o menos general, más o menos especializado, más o menos segmentado.

La entrevista es la herramienta básica del periodista, que gasta buena parte de su vida profesional hablando con personas e intentando conseguir información de ellas.

PREPARACIÓN DE LA ENTREVISTA PREPARACIÓN HABITUAL

La preparación de una entrevista, dependerá de muchos factores, pero debe existir siempre. Si por razones imprevistas e inevitables no resulta posible una preparación adecuada, entonces el periodista debe acudir a ese fondo del que hablé antes: a su cultura y a su conocimiento de los hombres y encomendarse al ángel de la guarda.

Podamos o no prparar una entrevista, hay una preparación habitual que jamás debe descuidarse, que sirve para todas las entrevistas y que no consiste en técnicas. Nuestro amigo Mehegan la resume bien en el libro "Writing for your readers".

A) Acercarse a las personas con afán de saber

Acercarse al entrevistado con afán de saber es, justamente, lo contrario de etiquetarlo previamente. Lo que no se puede hacer bajo ningún concepto es alimentar un prejuicio acerca de nuestro entrevistado y, luego, forzar la realidad para que se ajuste a ese prejuicio como sea. Decía lo mismo Salvador Pániker, autor del libro de entrevistas titulado "Conversaciones en Madrid": "Toda persona entrevistada acaba reducida a los límites mentales de su entrevistador". El seguro de esos peligros tiene un nombre fácil: se llama humildad.

Las seis preguntas clásicas: ¿qué?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?, son úliles para salir de un apuro.

B) Tratar respetuosamente a las personas

Significa desde no hacerle perder el tiempo por nuestra falta de puntualidad, respetar sus ideas y opiniones, escucharle con verdadera atención, sin que la entrevista parezaca una rutina laboral.

Ni la inteligencia ni el cariño ni el verdadero respeto se pueden disimular. Ni son técnicas periodísticas.

El respeto a las personas incluye la fidelidad a sus palabras a la hora de transcribirlas o, si por alguna razón excepcional esto no fuese posible, al sentido de lo que hayan dicho. Se consigue que los entrevistados confien en nosotros, y la entrevista dará una imagen acertada del entrevistado.

Me sorprendió hace un par de años el modo de trabajar de un fotógrafo italiano que cubría un acto:

-¿Ve usted esto? Pues para fotografiar bien esta copa yo antes tengo que mirarla mucho, desde todas las perspectivas, con cuidado, entendiendo muy bien para qué sirve y cómo se usa, las cualidades de este cristal concreto, tantas cosas...

Y parecía exhausto ante la perspectiva de tener que fotografiar aquella simple copa. Un fotógrafo mediocre se acerca a su destino, dispara quizá un carrete sin darle más vueltas al asunto y se va. A lo sumo, si la escena que pretende recoger no cabe bien en su objetivo, aplica sin pensarlo un gran angular, aunque deforme personas y cosas. Así es también un mal entrevistador.

Este consejo de Bill Kovac, director del Atlanta Journal and Constitution, a sus reporteros sirve como magnífico resumen: "Cuando escribais un artículo sobre una persona... volved a leerlo, pero cambiar su nombre por el vuestro". Y ese ponerse en su lugar, se traducirá en prestarle toda nuestra atención.

C) Poner mucha atención

Edward Kosner, director de la revista New York, dice: "Lo primero que se aprende cuando escriben sobre uno es que, por favorable que el artículo pueda ser, si hay algo que considera terriblemente injusto o negativo, eso no deja de golpear en tu cabeza.

Las entrevistas inteligentes se diferencian de las estúpidas en muchas cosas, pero la más notoria sea que, en las últimas, el periodista sólo se escucha a sí mismo o está más pendiente de sus notas que de las palabras de se interlocutor. O peor, el periodista está atento a lo que quiere oir en lugar de atender a lo que efectivamente le dicen.

PREPARACIÓN ACTUAL

1. Uno de los principales problemas del arte de entrevistar radica en conseguir la confianza del entrevistado.

2. Si uno no se ha preparado suficientemente, es muy probable que las preguntas tengan los siguientes defectos:

-No sirven para perfilar al personaje o al tema.

-Son las mismas preguntas que le han hecho en el mismo medio, o las mismas que le hacen siempre en todas partes. Como resultado, contestará la mayor parte de ellas con desgana, y además, nuestra audiencia ya conocerá las respuestas.

-Probablemente, las preguntas no estarán articuladas en torno a un tema central, y presentarán el aspecto de un pimpampum dislocado y caótico.

3. Sin una preparación suficiente, resulta muy dificil advertir cuándo un entrevistado está mintiendo. Sin la mínima documentación previa estamos indefensos y dejamos indefensos a nuestros lectores. (pag 31)

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Crónica Periodística

¿ Qué es una crónica?

"La crónica es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de los hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado" (Martín Vivaldi, 1987, p. 123).

La etimología de la palabra propone una idea de la crónica como el relato de los hechos tal como sucedieron por orden cronológico. Esta definición no está mal, es cierta, pero es insuficiente. Sobre todo en periodismo. En la crónica periodística esa sería sólo una de las características.
El primer modo de utilizar la crónica –género exclusivo de las lenguas derivadas del latín—fue para realizar relatos históricos, por su interesante narrativa. Posteriormente fue el modelo casi excluyente a la hora de relatar los viajes de exploración de los navegantes europeos en sus conquistas en el nuevo mundo. Finalmente, el periodismo se apropia de este género para recrear con características propias del oficio un género difícil de definir y de escribir, como es la crónica periodística.
¿Cuál es la diferencia sustancial entre la noticia y la crónica? Si bien es complejo definir la crónica periodística y sus características -- no por falta de elementos sino por su gran riqueza-- , se pueden diferenciar de modo básico en que la noticia es el relato inmediato y despojado de los hechos, cuyo valor radica en estas dos características, de modo prioritario.
En cambio, en la crónica puede mediar un tiempo—reducido-- entre lo ocurrido y la publicación y la riqueza de su corpus radica en la subjetividad que le otorga con su pluma quien la escribe.
La crónica es, en esencia, información. Puede interpretarse como la integración de los demás subgéneros periodísticos en pos del relato de un hecho pasado; pero renovado y pleno de detalles, dado que el periodista lo retoma, lo interpreta, lo interpela y lo recrea bajo la influencia de su mirada.
El periodismo se apropia de este género para permitirle al periodista competir con la noticia en el protagonismo, y aportar un estilo personal que embellezca la escritura al riesgo de fusionar la redacción periodística con un texto literario.
Si en la redacción de una noticia el periodista debe escatimar cualquier rasgo de subjetividad y atenerse de modo casi excluyente a la ausencia de un toque personal, por el contrario en la crónica es el periodista quien con su pluma decide el recorte que realizará en la noticia que cuenta, los detalles que elige para relatarla y, en definitiva, el sello que le imponga.
Debido a que los medios audiovisuales son más rápidos en la transmisión de información que los editados en papel, la crónica periodística impresa se centra más en dar respuesta al porqué y al cómo sobrevino el hecho seleccionado que ha ofrecer novedades sobre lo ocurrido, ya que esta última necesidad ya está satisfecha por otros canales.
La interpretación de un hecho es lo que da sentido a la crónica. Allí el periodista se involucra, recorta y selecciona impresiones y le permite al lector sumergirse en el hecho que se relata y compartir, de algún modo, impresiones.
A diferencia de la noticia, en la que poco cuenta la toma de posición del lector, en la crónica es imprescindible una complicidad entre quien escribe y éste.
Si en literatura es necesaria la existencia de un pacto ficcional, en periodismo, para que la crónica exista como tal, debe existir una suerte de relación de confianza entre el periodista y el lector.
Quien firma no sólo informa quién realizó la crónica, establece una relación de credibilidad en la que se ve obligado a dar consistencia y coherencia a los materiales narrativos. El lector confía en que revele y manifieste el sentido de los hechos, porque gracias a su experiencia personal, literaria, histórica, periodística. El lector considera que quien firma es la persona pertinente para cumplir con éxito la función de comunicar.
En pos de esta relación de confianza, el cronista siempre firma sus escritos, como modo de compromiso y vínculo con el lector.
El autor de la crónica deberá transformarse, entonces, en un artesano de la noticia, que elegirá los hechos que considere relevantes, los testimonios –en caso de que los incluya—y los detalles de color que le permitan al lector sumergirse en la crónica informándose sin aburrirse y a la vez sintiéndose parte del relato.
No existe una única manera de escribir una crónica. Dado que depende del estilo del escritor, es posible encontrar tantas posibles maneras de relato como cronistas existan. Lo seguro es que:
Se organizará acorde con el transcurso de los hechos.
Será un relato informativo.
Estará marcada por la subjetividad.
Tendrá una impronta literaria.
Estará firmada

A continuación, les presentamos un texto de Gabriel García Márquez. En un encuentro de escritores, el gabo descolló con esta narración para ejemplificar la diferencia entre lo que contaba y cómo quedaría escrito.
Nos pareció muy valioso como estructura a utilizar para redactar una crónica.em>
Que lo disfruten.
" Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Entonces le dice su madre:-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".

Memoria del saqueo en la prensa española

"La prensa española elogió a Memoria del Saqueo"

10/03/2005
Se está proyectando en los cines de Galicia y de toda España Memoria del Saqueo, un genial documental de Fernando “Pino” Solanas que obtuvo, en 2004, el Oso de Oro Honorífico en el Festival de Berlín. Nacido en Buenos Aires en 1936, Solanas, a quien conozco y admiro hace muchos años, es considerado a escala internacional como uno de los grandes maestros del cine contemporáneo. Es autor, en particular, de La Hora de los Hornos (1968, realizada junto a Octavio Getino), obra subversiva y uno de los documentales de mayor impacto político en el ámbito latinoamericano, que le valió un excepcional reconocimiento internacional.
Es una película contra el olvido. Trata de exponer cómo, por qué y por culpa de quién un país tan rico como Argentina vivió uno de los derrumbes económicos y sociales más brutales que jamás haya padecido un Estado en tiempos de paz. “Pino” Solanas hace para la historia el inventario de las decisiones que condujeron a su país a la ruina y desembocaron el 19 de diciembre de 2001 en revuelta popular y el derrocamiento del presidente De la Rúa. Con mucha inteligencia, el film establece la génesis de esa insurrección y denuncia toda la cadena de errores cometidos por los sucesivos dirigentes argentinos, desde la inmensa deuda contraída durante la dictadura militar hasta las desastrosas privatizaciones de las compañías estatales decididas por el presidente Menem (Carlos), convertido en un feroz ultraliberal.
Solanas insiste en la responsabilidad de este dirigente que, según él, usó la traición como bandera y la corrupción como práctica ordinaria. Pero pocas instituciones se salvan de la denuncia: el Fondo Monetario Internacional, los grandes bancos extranjeros, los medios de comunicación, los sindicatos, el poder judicial. Todos ellos, de una u otra manera, tienen parte de la responsabilidad en el hundimiento de la Argentina, en el saqueo de sus riquezas y en el empobrecimiento brutal de su población.
Le pregunto a Pino cómo le vino la idea de hacer de nuevo un filme tan fuerte y tan eficaz en su denuncia. Me dice: “Hice esta película para reconstruir una de las etapas más sombrías de la historia de Argentina. Para revelar las causas que provocaron el saqueo económico y el genocidio social. Treinta y cinco años después de la Hora de los Hornos, he querido retomar la historia a partir de las palabras y de los gestos de sus protagonistas y situar las imágenes en su contexto económico y social. Con este inventario trágico del saqueo de mi país quiero contribuir a su refundación democrática y participar en el gran debate sobre los estragos producidos por la globalización neoliberal”.
Le pregunto si piensa que Menem tiene la principal responsabilidad. Me dice: “Él y su ministro de Economía, Cavallo (Domingo) se inventaron la paridad peso-dólar para acabar con la inflación. Fue una calamidad. Ya nadie pudo producir de manera rentable en Argentina. Era más barato importar y imposible exportar. Toda la industria se hundió y el país conoció una ola de cesantía sin precedentes. Los capitales huyeron al extranjero. La culpa de Menem es gigantesca pero hubo muchos cómplices, entre ellos las compañías extranjeras –muchas españolas- que se aprovecharon para adquirir a un precio de miseria las principales riquezas del país”.
La denuncia principal de Solanas, y en ello está la gran inteligencia de la película, es contra ese tipo de agresión invisible que representa –en un marco democrático- la lógica de la globalización. Una agresión económica que provoca más víctimas que una guerra. Esas decenas de miles de personas que pierden el trabajo, que viven en la miseria sin ninguna protección social, que pasan toda clase de necesidades y que incluso – como esos niños que muestra el film- se mueren de hambre en un país que es uno de los mayores productores de alimentos del mundo. Por todo eso, por su formidable fuerza política y la increíble audacia de su estilo, Memoria del Saqueo es una película indispensable que todo ciudadano debe ver para comprender mejor el mundo trágico en que vivimos.

Ignacio Ramonet
Fuente: La Voz de Galicia.

Crónica

¿ Qué es una crónica?

"La crónica es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de los hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado" (Martín Vivaldi, 1987, p. 123).

La etimología de la palabra propone una idea de la crónica como el relato de los hechos tal como sucedieron por orden cronológico. Esta definición no está mal, es cierta, pero es insuficiente. Sobre todo en periodismo. En la crónica periodística esa sería sólo una de las características.
El primer modo de utilizar la crónica –género exclusivo de las lenguas derivadas del latín—fue para realizar relatos históricos, por su interesante narrativa. Posteriormente fue el modelo casi excluyente a la hora de relatar los viajes de exploración de los navegantes europeos en sus conquistas en el nuevo mundo. Finalmente, el periodismo se apropia de este género para recrear con características propias del oficio un género difícil de definir y de escribir, como es la crónica periodística.
¿Cuál es la diferencia sustancial entre la noticia y la crónica? Si bien es complejo definir la crónica periodística y sus características -- no por falta de elementos sino por su gran riqueza-- , se pueden diferenciar de modo básico en que la noticia es el relato inmediato y despojado de los hechos, cuyo valor radica en estas dos características, de modo prioritario.
En cambio, en la crónica puede mediar un tiempo—reducido-- entre lo ocurrido y la publicación y la riqueza de su corpus radica en la subjetividad que le otorga con su pluma quien la escribe.
La crónica es, en esencia, información. Puede interpretarse como la integración de los demás subgéneros periodísticos en pos del relato de un hecho pasado; pero renovado y pleno de detalles, dado que el periodista lo retoma, lo interpreta, lo interpela y lo recrea bajo la influencia de su mirada.
El periodismo se apropia de este género para permitirle al periodista competir con la noticia en el protagonismo, y aportar un estilo personal que embellezca la escritura al riesgo de fusionar la redacción periodística con un texto literario.
Si en la redacción de una noticia el periodista debe escatimar cualquier rasgo de subjetividad y atenerse de modo casi excluyente a la ausencia de un toque personal, por el contrario en la crónica es el periodista quien con su pluma decide el recorte que realizará en la noticia que cuenta, los detalles que elige para relatarla y, en definitiva, el sello que le imponga.
Debido a que los medios audiovisuales son más rápidos en la transmisión de información que los editados en papel, la crónica periodística impresa se centra más en dar respuesta al porqué y al cómo sobrevino el hecho seleccionado que ha ofrecer novedades sobre lo ocurrido, ya que esta última necesidad ya está satisfecha por otros canales.
La interpretación de un hecho es lo que da sentido a la crónica. Allí el periodista se involucra, recorta y selecciona impresiones y le permite al lector sumergirse en el hecho que se relata y compartir, de algún modo, impresiones.
A diferencia de la noticia, en la que poco cuenta la toma de posición del lector, en la crónica es imprescindible una complicidad entre quien escribe y éste.
Si en literatura es necesaria la existencia de un pacto ficcional, en periodismo, para que la crónica exista como tal, debe existir una suerte de relación de confianza entre el periodista y el lector.
Quien firma no sólo informa quién realizó la crónica, establece una relación de credibilidad en la que se ve obligado a dar consistencia y coherencia a los materiales narrativos. El lector confía en que revele y manifieste el sentido de los hechos, porque gracias a su experiencia personal, literaria, histórica, periodística. El lector considera que quien firma es la persona pertinente para cumplir con éxito la función de comunicar.
En pos de esta relación de confianza, el cronista siempre firma sus escritos, como modo de compromiso y vínculo con el lector.
El autor de la crónica deberá transformarse, entonces, en un artesano de la noticia, que elegirá los hechos que considere relevantes, los testimonios –en caso de que los incluya—y los detalles de color que le permitan al lector sumergirse en la crónica informándose sin aburrirse y a la vez sintiéndose parte del relato.
No existe una única manera de escribir una crónica. Dado que depende del estilo del escritor, es posible encontrar tantas posibles maneras de relato como cronistas existan. Lo seguro es que:
Se organizará acorde con el transcurso de los hechos.
Será un relato informativo.
Estará marcada por la subjetividad.
Tendrá una impronta literaria.
Estará firmada

A continuación, les presentamos un texto de Gabriel García Márquez. En un encuentro de escritores, el gabo descolló con esta narración para ejemplificar la diferencia entre lo que contaba y cómo quedaría escrito.
Nos pareció muy valioso como estructura a utilizar para redactar una crónica.em>
Que lo disfruten.
" Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:
-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:
-Te apuesto un peso a que no la haces.
Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:
-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:
-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
-¿Y por qué es un tonto?
-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. Entonces le dice su madre:-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.
La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:
-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.
El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:
-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.
Entonces la vieja responde:
-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.
Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:
-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)
-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.
-Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:
-Hay un pajarito en la plaza.
Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.
-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
-Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:
-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.
Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.
Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:
-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.
Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:
-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca".